Slow travel, el placer de viajar sin prisas

En un mundo laboral en que el estrés está permanentemente en nuestras vidas se impone la filosofía “slow” como la antonomasia al hacerlo todo rápido. Y qué mejor forma de eliminar el estrés con un viaje sin prisas, un slow travel. Una forma de viajar que siempre ha existido donde lo más importante no es cumplir horarios, sino disfrutar del lugar, la compañía, de la experiencia del viaje, comunicarse con los habitantes de la zona, impregnarse de su cultura, costumbres y degustar la gastronomía cumpliendo los tiempos de la naturaleza. Eso es “slow travel”.

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El movimiento slow nació en los ochenta como contraproposición al estilo de vida estresante. De allí saltó a la gastronomía, procurando la lucha contra la fast food y proponiendo una forma racional de disfrutar de la comida, respetando los tiempos de cocción, elaboración y también el tiempo necesario para degustar un plato. Ahora la misma filosofía llega a los viajes, proponiendo al viajero prolongar su estancia y huir de las excursiones programadas llenas de horarios y traslados rápidos en autobús. Las “vacaciones lentas” son por el contrario una forma de vivir con los autóctonos de la zona, conocer su cultura y zambullirse en ella dejando pasar el tiempo.

Claves para organizar un viaje “slow travel”

El estilo de viajero slow travel tiene mucho que ver con los mochileros y con los antiguos viajeros que dedicaban meses ha conocer las ciudades y regiones que visitaban. Hay algunas enseñanzas que se pueden extraer de ellos para organizar un viaje sin prisas:

  1. Elegir un único destino: nada de hacer rutas en las que pasar tan solo unas horas en los lugares.
  2. No tener metas inamovibles: se trata de ir descubriendo las ciudades y pueblos según se dejan ver, acudiendo a sus eventos y aprovechando la agenda cotidiana del sitio.
  3. Mejor si se viaja en tren: hay que olvidarse del avión y apostar por un modo de transporte que permite ir contemplando el paisaje, como evoluciona según se aproxima el destino.
  4. Utilizar el transporte público: ayuda a socializar con los ciudadanos autóctonos y conocer rutas apartados de los itinerarios turísticos tradicionales.
  5. Parar cada vez que apetezca: especialmente cuando se está haciendo un viaje por parajes naturales, donde surgen miradores cada pocos kilómetros y estampas para inmortalizar.
  6. Huir de los restaurantes para “guiris”: la comida hay que hacerla allí donde la carta no tiene más idioma que el que habla el camarero y los clientes no llevan guías de viaje, sino la bolsa de la compra de camino a casa.

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